martes, 6 de mayo de 2014

Miénteme con un vaso: Mi panza cervecera

El mundo cervecero (como casi todos los mundos) está atascado de mitos, de leyendas y de algunos clichés. Historias e imágenes que se han creado a lo largo del tiempo y se han heredado a generaciones de aficionados de esta bebida fermentada. Y algunos han conducido a deteriorar la percepción hacia esta bebida.


En un momento en el que el verde (tanto en energía como en alimentación) es el nuevo negro, la creencia de que la cerveza engorda esta diseminada a lo largo y ancho de los consumidores (sobretodo a lo ancho).

"Voy a dejar de tomar cerveza, mira mi panza", "No güey, no estoy embarazado; es la cerveza" o "Si sigo tomando cerveza no voy a entrar en ese vestido" son algunas de las frases que podrías escuchar o que podrías llegar a decir en algún momento. Pero no hay nada más alejado de la realidad, pues se ha demostrado que la cerveza no te hace engordar.

Aunque claro, tampoco te hace adelgazar. En realidad todo se reduce a la cantidad. Si comes 6 kilos de tofu, además de atragantarte, lo más probable es que también engordes (por lo menos un poco). Lo mismo sucede con la cerveza, si cada que tomas cerveza bebes 3 litros, pues tu organismo será incapaz de desechar todo eso, y habrá consecuencias. Esto aunado de la vida sedentaria, sin realizar ni un poco de ejercicio y reposando todo el musculo en el sillón o en la cama más cercana.

Además, generalmente el beber cerveza va muy de la mano de una dieta poco saludable (deliciosa, pero poco saludable) en donde cada botella de cerveza destapada convoca a una cantidad considerable de botana, de papás, de hamburguesas, pizzas, hot-dogs y un largo etcétera.


Los defensores de este mito, hacen gran alusión a dos características de la bebida: el alcohol y los azucares. Hemos de decir que el alcohol engorda por un consumo excesivo, además de tener consecuencias irreparables en el hígado y provocar un comportamiento errático (ya saben... ebrio). Característica que es propia de toda bebida alcohólica. Mientras que los azucares, estrictamente hablando, se han convertido en alcoholes gracias al milagro de la fermentación, entonces... Ya no están, no existen, o se encuentran en cantidades despreciables.

El exceso, la mala alimentación y una vida sedentaria provocan que se abulten los vientres. Un consumo moderado de cerveza puede traer beneficios, pues es una bebida rica en vitamina B y fibra e incluso puede reducir los riesgos de padecer diabetes. Claro, también hay que ejercitarse. Pero, si tienes un vientre abultado y no estás embarazada o no estás reteniendo líquidos, primero revisa tu alimentación y tu rutina de ejercicios antes de culpar a la cerveza. Ella es tu amiga.

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